Oído fino

OPINIÓN | Indignación total en “Yo Soy 2025”: la eliminación de Slipknot desata una ola de reclamos contra el jurado

La salida de los imitadores de Slipknot en el repechaje provocó una reacción unánime del público: la mayoría coincidió en que el grupo merecía continuar. La decisión del jurado, que reincorporó a Billie Eilish y Dyango, fue calificada como injusta y desconectada del rendimiento en escena.

  • 29/11/2025 • 00:00
Foto: Imitadores de SLIPKNOT en el programa "Yo Soy"

Por: Iris Monroy

El Episodio 40 de Yo Soy 2025 no solo marcó un punto clave en la fase de Conciertos: también detonó una indignación masiva entre los seguidores del programa. A diferencia de otras polémicas habituales del reality, esta vez la reacción fue prácticamente unánime. La gran mayoría del público expresó su molestia por la eliminación de los imitadores de Slipknot, quienes, para muchos, ofrecieron una de las presentaciones más potentes, exigentes y memorables de la noche.

Su puesta en escena —intensa, sincronizada, cargada de energía y con un notable trabajo de caracterización— destacó precisamente por ir más allá del formato tradicional del programa. La propuesta metalera del grupo no solo fue una rareza en el escenario de Yo Soy, sino un despliegue técnico que demostró coordinación grupal, precisión musical y un dominio estilístico que muchos consideraron superior al de otros competidores.

La reacción del público fue clara y masiva: redes sociales, foros y transmisiones en vivo se inundaron de mensajes cuestionando la decisión del jurado. La sensación generalizada fue que los imitadores de Slipknot no solo *merecían* pasar, sino que *habían superado a varios de los seleccionados* tanto en impacto como en complejidad artística.

La reincorporación de Billie Eilish y Dyango, pese a su buen desempeño, fue vista como una elección predecible que reafirma la tendencia del programa a privilegiar imitaciones de corte más comercial y seguro. Para un sector de fans cada vez más crítico, este episodio confirma que Yo Soy continúa penalizando propuestas arriesgadas y géneros menos convencionales.

El resultado dejó un sabor amargo: un veredicto que no solo pasó por alto una de las presentaciones más sólidas de la noche, sino que también ignoró abiertamente el sentir de una audiencia que, en esta ocasión, habló casi con una sola voz. Si el programa busca mantenerse vigente, tendrá que replantear cómo evalúa el riesgo artístico y cómo responde a un público que exige mayor coherencia y amplitud en los criterios.